~Inspirado en la obra "México Visto Desde Lejos"de Samuel Schmidt
Sombreros y tequila, chiles y frijoles, lo carismatico y exótico de los habitantes y de sus personajes tan peculiares; los paisajes inigualables, selvas, pirámides, playas y ciudades vacacionales; sus riquezas culturales; el lenguaje tan rico e inconfundible, y por supuesto, las ventajas y adversidades abismales de tener frontera con los Estados Unidos, son cosas que facilmente se pueden decir de México en el extranjero, ya sea de boca de gente de otros lados, como por parte de los mismos mexicanos que se han ido.
Pero las apariencias engañan. Muchos sienten curiosidad e intriga por lo salvaje, arrogante y lleno de peligro de las ciudades y gente, lo que los mueve; la política y sus desastres primitivos.
La gente es vista como artistas, tal vez sin cultura pero feroces al momento de buscar su lugar. Pocos, como empresarios ayudados por el mismo gobierno y sus representantes; otros como simples obreros que coexisten a costa de los patrones; y otros tantos olvidados que se las ingenian para salir adelante. El mexicano es un hombre del mañana, que vive esperanzado en que en un futuro todo ira mejor, mientras rezan a santitos y a la Virgencita de Guadalupe con toda la fé que tienen y haciendo mandas –como los sanjuaneros y los que peregrinan hasta la capital– esperando milagros casi imposibles.
Tambien hay que tomar en cuenta las bendiciones de este paraíso. La comida, las bebidas, colores y sabores, hasta los olores de humanidad en los camiones, los circos de los semáforos, los vendedores de chucherías exóticas en las calles de la capital, y por supuesto, los shows de los que manejan el país, como es el ejemplo del pasado presidente, Fox, quien más de dar una buena presentación al país con su cambio, inspiraba torpeza e ignorancia, metiendo la cuchara donde no debía.
Los visitantes creen que con saber decir “hola” y “me gusta el tequila”, se puede sobrevivir en este vasto país. En cambio, es necesario tomarse un tiempo buscando la manera de traducir todos los modismos y variaciones del lenguaje local, diferenciar y entender a los norteños y los chilangos; así como aprender a hacer cosas buenas que parecen malas, o al revés, malas que parezcan buenas. Saber dar una buena mordida es escencial, disimular una sonrisita y platicar acerca del precio de una ”chela” con los tránsitos.
Cuando un extranjero habla de México, muchas de las veces se encuentra con los shows locales, tales como las elecciones políticas, las magníficas orquestraciones de tonterías que se pueden prescenciar por parte de candidatos y partidos a puestos importantes. Como es el caso de las últimas elecciones –Calderón vs. Lopez Obrador; o mas bien, López Obrador vs. el mundo en su contra– que en lugar de haber sido una disputa sana y constructiva, terminó en un gran relajo perredista.
Pero es todo esto que hace que haya un país que se puede decir que lo tiene todo, pero a la vez nada. Es como la nostalgia de un pueblo azteca que fue conquistado por peninsulares. La magnificencia, creencia y misticismo de la fé de los pobladores, las costumbres y rituales que se han ido heredando desde civilizaciones prehispánicas hasta nuestros días.
Las elocuencias de los gobernantes, desde errores garrafales, económicos y administrativos de ex-presidentes o ex-emperadores priistas; tropezones con toallas del primer presidente panista, que gustaba de pasearse en su ranchito con el vecino de Estados Unidos; hasta intentos y lloriqueos de un farzante perredista que decía querer ayudar a todos pero sin hacer nada más que señalar a tramposos y chachalacas. ¡Recuénto!
Todos los paisajes, lugares y rostros, que caracterizan una tierra salvaje y agradable a todos los que lo habitan, visitan y hasta ven en revistas, periodicos e internet, por medio de los que han venido, se fueron, y vendrán...